miércoles, 6 de marzo de 2013

Visita a las familias

"Catch the chance when it arrives because it never arrives twice"
Cambodian proverb

La visita al nuevo vertedero fue una experiencia dura. Desafortunadamente sólo es un ejemplo. Hay muchos más casos, más concretos, más duros. Ayer visité varias familias de alumnos de PSE junto a uno de sus asistentes sociales. Si en el vertedero conocí la historia de muchos rostros desconocidos, en mi visita a las familias conocí la vida real de los niños de PSE cuando vuelven a casa tras su jornada en el colegio. Son dos vidas diferentes.

En el centro todo parece normal. Mejor que normal. Consta de buenas instalaciones, hay un ambiente muy agradable. Hay clases, actividades extraescolares, reuniones, fiestas. PSE significa futuro, significa la oportunidad de salir de la miseria. Lo que pasa fuera de los muros del colegio es otra historia. Son las dificultadas, la pobreza, la cruel realidad. Son historias concretas, con nombres y apellidos...

Es la historia de una abuela, viuda, que tiene que hacerse cargo de sus cuatro nietos. Para ello cuenta con la ayuda de una de sus hijas y de un salario de no más de dos dólares al día que gana vendiendo patatas. Su otra hija le ha dejado al cargo de sus hijos. Se separó y se fue a vivir lejos. La abuela sufre un cáncer tiroideo y hay días en que no puede ir a trabajar. Incluso si puede hacerlo, en ocasiones está tan cansada para volver a casa que coge un motodop para devolverla a casa. Le cuesta un dólar. Paga cuarenta dólares al mes más la factura de la luz por la habitación de al lado del puente de Stung Mean Chey donde vive con sus cuatro nietos. Tiene suerte. Su casero la conoce desde hace tiempo y sabe de los esfuerzos que realiza para sacar a su familia adelante. Es condesdenciente si no puede pagar a primeros de mes. Por su parte, PSE ayuda a los tres nietos mayores. Dos de ellos reciben clases de formación profesional y con suerte encontrarán un trabajo en junio, al finalizar el curso. Su eventual salario debería aliviar la situación de la familia. La tercera acude a una escuela pública. Los gastos de vestimenta, comida y material escolar corren por cuenta de PSE. Gracias a la ONG pueden comprar arroz a un precio sensiblemente inferior al de mercado. La señora había solicitado la reunión para pedir que le permitan comprar más arroz a ese precio ventajoso y que admitan a su nieta pequeña a la escuela el curso siguiente. El asistente social toma notas para analizar el caso y elevar una propuesta al comité de asignaciones. Quizás la señora tenga suerte. Quizás haya alguien que esté en una situación peor que ella.

Son muchas las historias. Es también la historia de una familia que vive no muy lejos del centro en una especie de chabola que apenas se tiene en pie. Viven en ella los dos padres, sus cuatro hijas y un sobrino. Su madre ha encargado a su hermana que lo cuide por unos meses. Esta segunda visita es una revisión anual de la situación de las familias. Al lado de su chabola hay una pocilga y un establo. Huele mal. En la reunión se revisan los ingresos, los gastos, la condición de la casa. La revisión se realiza para asegurar que se está ayudando a las familias que más lo necesitan y de la manera que mejor necesitan. Ruborizados al revisar la chabola, se esfuerzan en explicar que la televisión que tienen es de segunda mano, o de tercera... La han recogido de la basura. No tiene botones, no tiene mando. No significa que sean ricos. Me extraña ver que sean las diez de la mañana y está toda la familia en casa. La explicación es sencilla. Los niños van al colegio por la tarde y los padres trabajan por la tarde. El padre trabaja en la construcción y gana cuatro dólares al día... cuando tiene trabajo. Ella busca en la basura de la ciudad restos de materiales que pueda revender. Cada día es más difícil. Los ingresos totales, seis dólares al día. Sus dos hijos mayores trabajan pero no les pueden ayudar. Están casados y tienen que mantener a sus propias familias. En la conversación, con sus hijas presentes, se esfuerzan por subrayar la importancia de estudiar y agradecen a PSE la oportunidad que brinda a sus hijas para hacerlo. La mediana quiere ser guía o intérprete porque cree que cada vez habrá más turismo en Camboya. Si se esfuerza, seguro que lo consigue.

La última visita de la mañana tenía un objetivo concreto. Hablar con un alumno que había dejado de ir a clase. Se trataba no tanto de convencerlo de que volviera sino de saber por qué había dejado los estudios. No estaba en casa. Sólo su hermana, quien se comprometió a llamar en cuanto regresara. Ella, preocupada, fue quien nos dijo que su hermano había comenzado a trapichear con drogas. Que tenía acceso a dinero fácil y que prefería no estudiar. No hizo falta esperar a su llamada. Tras la conversación con la hermana al volver a coger la moto lo vimos en la calle. Volvimos con él a su casa. Salió su padre y hablamos los cuatro: Padre, hijo, el asistente social y yo. El hijo no respeta a su padre. Bebe por las tardes y no cree en su ejemplo. El padre es consciente de su problema y por ello, para no ser como él, recalca a su hijo la importancia de estudiar, de trabajar. Por muy acertadas que sean sus palabras caen en saco roto. No predica con el ejemplo. Sólo la madre podrá hacer al hijo entrar en razón. Por ello se acuerda una reunión en la que esté presente la madre, el hijo y el asistente social. Afortunadamente para estas familias no hay una sola oportunidad. PSE les da muchas y tienen que saber aprovecharlas. Afortunadamente también muchas familias lo hacen y salen adelante.


lunes, 4 de marzo de 2013

El Palacio Real de Phnom Penh

"Don't take the winding path, don't take the straight path. Take the path of your ancestors"
Cambodian proverb

Hace escasamente un mes llegué a un Phnom Penh todavía convulso por la muerte del Rey Norodom Sihanouk. Había fallecido en Pekín el día 15 de octubre y, como marca la tradición, su cuerpo fue expuesto a sus súbditos durante más de tres meses. Su figura, sin duda controvertida, ha sido una de las más influyentes de Asia en el siglo XX, incluso tras su abdicación en 2004 a favor de su hijo Norodom Sihamoni. Rey, Primer Ministro o Presidente, según la ocasión, dirigió a Camboya hacia su independencia de Francia y sobrevivió con mano izquierda al régimen de los khmeres rojos. En la mayoría de ocasiones incomprendido por Occidente por sus posiciones ambiguas, en su última etapa en el poder consolidó la actual monarquía constitucional del Reino de Camboya. 

Tras tres meses de exposición del cuerpo del Rey Norodom Sihanouk ante su pueblo, finalmente se celebró la ceremonia de su cremación. Justo una semana antes de llegar, oficiales camboyanos vestidos de blanco - el color del luto - condujeron el cuerpo del Rey hasta el crematorio. Desde allí sus cenizas fueron trasladadas al Palacio Real, donde descansan hoy.


Precisamente debido a las exequias del Rey, gran parte del Palacio Real había permanecido cerrada durante el mes de febrero. Finalmente el pasado fin de semana tuve la oportunidad de visitarlo. El Palacio Real de Camboya se comenzó a construir a mediados del siglo XIX, cuando se trasladó a Phnom Penh la capital del reino. No deja de ser un palacio real como cualquier otro enmarcado en su tradición correspondiente. Es muy curioso verlo desde la perspectiva europea. Como cualquier otro palacio, tiene su Salón del Trono. En lugar de la capilla típica de la tradición europea, cuenta con una pagoda, la Pagoda de Plata. Como cualquier otro palacio, cuenta también con estancias reales, palacetes y salas para la recepción de embajadores e invitados. Las caballerizas se sustituyen por la colección de sillas de montar elefantes. Y como siempre, como en cualquier otro palacio, se pueden ver piezas de arte, vajillas de plata y una infinidad de obsequios ofrecidos al Rey como regalo durante su reinado.

Salón del trono del Palacio Real

El Palacio Real tiene tantas cosas en común con otros... y sin embargo es tan diferente. La estética, las formas, los colores. En la arquitectura típica khmer es habitual ver tejados con cuatro aristas representando los puntos cardinales. Los remates de cada punta son verdaderamente originales, así como la corona de simbología hindo-budista que se observa en las torres de los edificios. La influencia de los templos de Angkor está también presente. Se manifiesta sobre todo en las estupas que rodean la Pagoda de Plata. Las estupas son los santuarios donde se guardan las cenizas de antiguos reyes.

Si hay algo espectacular en el complejo es la Pagoda de Plata. Su superficie está cubierta por más de cinco mil baldosas de plata que pesan más de un kilogramo cada una. En su interior, quizás la pieza más llamativa, la estatua de un Buda a tamaño real con más de nueve mil incrustaciones de diamantes. Y llegados a este punto, nuevamente la reflexión que ha estado presente en otras entradas del blog: Camboya es un país de contrastes. De la miseria a la exuberancia. Las dos están tan cerca que a veces sólo hace falta cruzar la acera para percibir el cambio.

Detalles del Palacio Real

viernes, 22 de febrero de 2013

El nuevo vertedero

"Cuentan de un sabio, que un día
tan pobre y mísero estaba,
que tan sólo se sustentaba
de unas yerbas que cogía.
«¿Habrá otro - entre sí decía -
más pobre y mísero que yo?»
Y cuando el rostro volvió,
halló la respuesta, viendo
que iba otro sabio cogiendo
las hojas que él arrojó"
"La vida es sueño"
Calderón de la Barca

Hoy he realizado la visita que más temía hacer desde que llegué a Phnom Penh. He visitado el nuevo vertedero de la ciudad. El antiguo, el de Stung Meanchey cerró en 2009. Allí llegaron en 1995 Christian y Marie-France des Pallières y allí, ante la visión más dura de la miseria decidieron dejarlo todo y crear Pour un Sourire d'Enfant. Allí mismo montaron unas primeras cabañas rudimentarias para alimentar y curar a los niños que iban a trabajar al vertedero y más tarde, no muy lejos, levantaron las primeras escuelas y centros de acogida para dar una oportunidad de vida diferente a esos niños.

La versión española del vídeo la podéis ver en http://www.psncamboya.org

Casi 20 años después PSE trabaja con más de 3.300 familias, proporcionando una educación de manera directa a más de 4.500 niños y formación profesional a más de 1.500 adolescentes. Pero el vertedero sigue ahí. Ahora es uno nuevo y está unos quince kilómetros más lejos. Las familias que vivían del antiguo se encuentran en una doble encrucijada. Por una parte, su fuente de ingresos se ha desplazado a las afueras de la ciudad. Por otra el precio de sus casas - si es que a sus chabolas se les puede llamar "casa" - es ahora más caro. Muchas familias se han querido trasladar a la zona del nuevo vertedero y algunos de los niños han dejado de ir al colegio. Para evitarlo, los trabajadores sociales de PSE llevan un seguimiento detallado de un gran número de familias, de sus medios, de sus ingresos, de sus problemas. Saben, por ejemplo, si su nivel de ingresos está por debajo de 3.000 rieles por persona y día, apenas 0,75$.

Yo he acompañado hoy a unos de esos asistentes sociales, Yoeun. Él me ha llevado a la "puerta de atrás" del nuevo vertedero, donde viven más de veinte familias venidas de otras provincias de Camboya. Las autoridades afirman que nadie ajeno al vertedero puede trabajar en él. Pero allí están, vienen con sus niños pequeños. A los mayores los dejan en el pueblo al cuidado de la granja. Aprovechan la época seca para obtener unos - míseros - ingresos extra. Montan sus rudimentarias chabolas y durante el día escarban en la basura en busca de latas, cartones, restos de maquinaria o cualquier cosa que sea susceptible de ser vendida. Hay un mar de plásticos. Plásticos que recogen, "lavan" en un agua estancada, secan al sol y venden a 1.000 rieles el kilogramo. Con lo que ganan y los restos de comida que encuentran parecen alimentarse. Pero sus condiciones distan mucho de ser dignas.

Los asistentes sociales realizan un trabajo muy importante de sensibilización. Hablan de alternativas al vertedero, de darles una oportunidad educativa a sus hijos, de la importancia de trabajar. En muchos casos su trabajo cae en saco roto. Los padres prefieren la seguridad de un ínfimo ingreso hoy a la incertidumbre de un salario digno dentro de unos años. Viven al día. Se preocupan por poder comer... y beber esta noche. Pero en muchos casos, afortunadamente, las familias acceden a la ayuda de PSE. Ayuda que se plasma de muchas maneras: Acceso a alimentos, a sanidad, a educación, a alojamiento, a oportunidades profesionales. Sin duda, el trabajo de PSE no cae en balde y sin duda algún día, gracias al trabajo de PSE y de tantos otros, los niños de Phnom Penh no se verán abocados a ser cuando crezcan lo que ven hoy.

viernes, 15 de febrero de 2013

Primera semana en Camboya

ចូលស្ទឹងតាមបទ ចូលស្រុកតាមប្រទេស។
"Negotiate a river by following its bends, enter a country by following its customs"
Cambodian proverb

Hace apenas siete días estaba en Madrid imaginando cómo sería Camboya y hoy se cumple ya una semana desde que llegué. Todo es a la vez tal como lo imaginé y completamente distinto. La gente, las calles, los olores, el caos. La gente es distinta - más bien aquí el diferente soy yo -. Actúa, camina y habla de forma distinta. Los olores tan pronto son exóticamente especiados e incensados como podridos y nauseabundos. Y el caos, todo es caótico, anárquico, incomprensible y, sin embargo, parece haber un cierto orden que lo regula todo.

Llegué el viernes pasado, tal como estaba previsto. En hora, tanto yo como las maletas. El primer trámite, el control de pasaportes, superado sin problemas a pesar de que era realmente difícil entenderse con los oficiales de aduanas. Tenía mi visa aprobada. Mis maletas me esperaban y me esperaba también Kosal, un conductor de PSE que me llevó al centro. Desde la furgoneta, las primeras sensaciones. El calor y la humedad, un gran contraste viniendo del invierno de Madrid. Una marea de motos, los primeros tuk tuks, todos avanzando lentos, pero sin parar. Mucha gente en las calles. En cada casa un pequeño comercio (venta de refrescos, platos locales, fruta). Muchos niños pequeños y pocas personas mayores. Casas bajas y mucho contraste, desde chabolas a apartamentos novísimos. Una sensación de suciedad, no sé si debida a la dejadez o a la multitud de andamios y obras.

Por fin llego a Stung Meachchey, el barrio del antiguo vertedero donde trabaja PSE. A ambos lados de la entrada principal, la "Boutique PSE", donde se venden productos confeccionados por la organización y el "Lotus Blanc" donde los niños hacen prácticas de restauración. La tienda hace de recepción improvisada. Allí me hacen esperar a Malim, que me ayudará a instalarme, y allí conozco a Annick, que está ayudando a reorganizar la tienda y a Camille quien, junto con Simon y como yo, acaba de llegar a Phnom Penh apenas hace un par de días. Malim, junto con unos chicos que me ayudan con las maletas, me acompaña a la Guest House, donde me instalaré hasta el día 20. Para entonces debería haber encontrado un apartamento en el centro. La Guest House es un oasis en medio de la barriada. La gestiona la escuela de hostelería de PSE y consigue que no eche de menos ninguna comodidad.


Tras instalarme, me reencuentro con Paul, a quien había conocido la semana anterior en París. Con él, las primeras conversaciones sobre la organización. Él fue mi primer guía del centro. El viernes recorrimos juntos las instalaciones de PSE y el sábado el centro de Phnom Penh. El domingo fue tranquilo, de aclimatación al tiempo y al horario. Por la tarde una breve escapada a Phnom Penh para ver a Véronique, una compañera de GERES que había llegado la semana anterior y que seguro podía compartir conmigo su experiencia de expat.

Y de repente llegó el lunes, el primer día de trabajo. Muchas gente, muchas caras, muchos nombres, muchas cosas que hacer y muchas ganas. Junto conmigo, se incorporaban el lunes oficialmente Camille, Simon y Clémentine. La historia de Camille y Simon es muy especial. Llevan más de seis meses viajando por Asia en tándem. Juntos han hecho más de 9.000 km. Lo han contado todo en su blog Nez à nez. Los últimos cinco meses de su aventura los van a pasar en PSE. Camille colaborará con el departamento de relaciones con empresas y Simon como profesor de francés. Seguro que comparto con ellos muchos momentos. Respecto a Clémentine, está estudiando en la Universidad de Phnom Penh y quiere hacer algo diferente con su tiempo libre. Los cuatro, a lo largo de toda la semana hemos participado en las sesiones de integración para conocer los diferentes programas de PSE

Respecto a mi proyecto, tuve la ocasión de comenzar a organizarlo con Pich, el Director de PSE, a partir del martes. Mientras tanto, fui muy bien acogido por Nimeth, quien además de entrar al detalle sobre el funcionamiento diario y operativo de la organización, aprovechó para hacer dos gestiones muy importantes: Darme una cuchara para poder comer en la cantina con los estudiantes y apuntarme a su equipo de fútbol, los Blue Lander. Seguro que de ambas tengo ocasión de hablar en nuevas entradas del blog.

Las tardes las he ocupado en entrenamientos, visitas a Phnom Penh en busca de apartamento y cenas en el "Lotus Blanc". En Phnom Penh y a través de Fernando, Marisa y Cía. conocí a Viveka. Juntos cenamos en un restaurante cerca del Monumento de la Independencia donde compartimos ideas, motivaciones, recomendaciones de pisos, zonas y un largo etcétera. Seguro que con ella y Say Say Pablo hacemos buenas migas. Una de las tardes conocí también a Chhaya. Con él hablé español por primera vez en Camboya. Lo habla muy bien porque vivió durante un año en España. Creo que desde el primer día lo puedo considerar mi amigo.

De la primera semana me quedo con muchas cosas. Si tuviera que nombrar sólo tres serían por una parte la ilusión y las ganas que veo en los chicos de PSE por aprender un oficio y forjarse un futuro. Lo he visto cada noche cenando en el "Lotus Blanc" en la cara de los niños al atenderte y ofrecerte como postre una flambeada crêpe suzette preparada por ellos mismos. Por otra parte, me quedaría con las llamadas a casa vía Skype y las partidas de Apalabrados que hacen que no me sienta tan lejos y, por último los momentos compartidos con los primeros compañeros de viaje: Paul, Camille, Simon, Annick, Charlas, Albert, Vichhika y Meng Sry.

En esta primera semana son muchas las personas a las que he conocido. Muchos los lugares que he visitado y muchas las cosas que he aprendido. Y sólo ha sido la primera semana. Todavía tengo mucho que descubrir, mucho que aprender y mucho que contar...


viernes, 8 de febrero de 2013

Madrid - Phnom Penh

"Vive y actúa, querido hijo, de forma que aunque todo el mundo te vea no tengas de qué avergonzarte, y que siempre se pueda decir de ti que eres un hombre"

Han sido muchos los días en que, hora tras hora, pensaba en Camboya. Muchas las noches en vela deseando que el viaje empezase al día siguiente. Y el día llegó: 7 de febrero de 2013. Era la fecha que marcaba el calendario para iniciar el viaje.

La casa vacía, pero no los recuerdos. Las maletas llenas de mucho más que ropa. Las ilusiones intactas. La jornada empezó pronto, con un desayuno en compañía de Juan Pedro. Él me contó su experiencia en Camboya y me dio los últimos ánimos para iniciar el viaje. A partir de ahí, visita a casa de mis padres, quienes me acercaron junto a mi hermano al aeropuerto. Embalaje de maletas, sobrepeso, lo esperado. Y por fin el momento de la despedida. Abrazos largos, besos, últimos consejos y confidencias al oído. Quizás la primera sensación de vértigo desde el otro lado del control de equipajes. Tan cerca todavía, y al mismo tiempo ya tan lejos. No había vuelta atrás.

Desde la cola para embarcar al avión, los últimos mensajes y what's apps, quizás los más sentidos y sinceros, con una sensación muy alejada a la de una despedida: Irme lejos no significa estar lejos. Por fin, el personal de Qatar Airways llama para el embarque. Impaciente, estoy de los primeros de la fila. Entro en el avión, coloco meticulosamente mi equipaje de mano y me acomodo. Comienzo a escribir mientras me esperan dos escalas - Doha y Bangkok - y un destino final: Phnom Penh.


lunes, 4 de febrero de 2013

Bonne mission!

Después de una semana en Madrid muy ocupada con diversas gestiones administrativas y las primeras despedidas oficiales, París me esperaba. Eran dos los motivos que me llevaban de nuevo a Francia. El primero, reunirme con compañeros de Pour un Sourire d'Enfant para obtener su visión sobre la situación de la ONG. El segundo, asistir a un curso organizado por La Guilde para todos los voluntarios que nos acogemos al programa de Volontariat de solidarité internationale (VSI). La experiencia en ambos casos fue muy positiva.

En París tuve el honor y el placer de alojarme en la casa de Eric en la Île de St. Louis. Eric me acogió como a un miembro más de su familia y se convirtió en un gran cicerone de la ciudad y mejor "guía" si cabe sobre PSE. Con él compartí desayunos y cenas, paseos por París e infinidad de conversaciones sobre Camboya, Francia, España y mil temas más. Resulta verdaderamente gratificante saber que existen personas como él, con un compromiso tan alto con una causa en la que cree y con una energía desbordante para su edad. Estoy seguro de que nos volveremos a ver, sea en Phnom Penh o en París.


La semana en París fue una gran oportunidad para volver a ver a personas que ya había conocido en noviembre. Tuve una entrevista con Jean-Michel, el Presidente de PSE, quien me presentó a Christel, una colaboradora de la ONG que acababa de volver de Camboya. Durante toda la semana, también disfruté de la compañía de Blandine, quien me presentó a su marido Jacques, un auténtico conocedor de Asia que me regaló y dedicó su libro "L'Asie majeure". Pude compartir igualmente una agradable cena en casa de Geoffroy y Corinne, con quienes Eric y yo hablamos largo y tendido sobre PSE. La semana fue, sin duda, muy productiva. Me llevé a Madrid una idea más profunda sobre PSE y volví cargado de ánimos y buenos deseos.

En paralelo conocí en el curso de La Guilde a un grupo estupendo de personas que, como yo, piensan dedicar un año de su vida a hacer proyectos de cooperación. El curso trataba temas de seguridad, sanidad y normas básicas de comunicación y gestión de proyectos para afrontar la interculturalidad. El grupo era de lo más heterogéneo, ya sea por destino, tipología de proyecto, experiencia previa, etc. Bangladesh, Burkina-Fasso, Laos, India, Senegal, Camerún, Nicaragua son algunos de los países a los que iban los compañeros. Y por supuesto Camboya. Conocí a Romain y Véronique, dos compañeros que trabajarán en Phnom Penh con GERES, una ONG vinculada al mundo de las energías renovables. Estoy seguro de que tendré la oportunidad de volver a encontrarme con ellos y contarlo aquí.

El curso en La Guilde duró casi una semana. En una semana pudimos compartir motivaciones y miedos, expectativas y retos, experiencias y enfoques. De todos aprendí algo, a todos intentaré seguir y a muchos espero poder volver a ver. Me alegro de haber pasado por París y me alegro de haber conocido a la gente que he conocido. Ya falta menos para ir a Camboya. Bonne mission à tous!


viernes, 18 de enero de 2013

El último día...

"El último paso de un camino es el primero de otro"

Parecía que no iba a llegar nunca. Parecía que estaba lejos. Y sin embargo, de repente, sin apenas darme cuenta, ha llegado mi último día en Accenture. "El último día"... Se hace raro pensar que de verdad sea el último. En mis anteriores cambios sabía que cerraba una puerta para abrir otra, que empezaba un camino indefinido, largo, pero sin retorno. Hoy no sabía si despedirme o decir simplemente "hasta luego". He optado por lo segundo.

En las dos últimas semanas he vivido muchos momentos buenos, llenos de sorpresas (o casi). Me he sentido apreciado, respetado y valorado por los compañeros con quienes he compartido mucho tiempo, muchas horas en Accenture y en Airbus Military, mi "último proyecto". Pero lo más importante de todo, me he sentido apoyado y alentado por todos para emprender un proyecto nuevo, una aventura, mi aventura en Camboya.

Me siento afortunado por haber podido participar en los proyectos en los que he trabajado, especialmente en esta última etapa. En el cliente me han acogido como uno más, me han exigido mucho y también me han reconocido mi esfuerzo. Accenture me ha dado mucha autonomía y libertad y me ha permitido aprender junto a compañeros con mucha experiencia. Puedo decir en ambos casos que he hecho verdaderos amigos. Puedo decir, sin dudarlo, que en esta etapa he crecido como persona y como profesional. Y por ello me siento profundamente agradecido a todos aquellos que han compartido conmigo todos estos años.

He intentado despedirme de todos, decir "hasta luego" y "gracias" a cuantas personas he podido. Sé que me he dejado a algunos y sé que a algunos no les he dedicado el tiempo que me gustaría. Espero que estas líneas sirvan para reforzar mi agradecimiento y que éste llegue a más gente.

Esta semana en un programa de radio hacían referencia al aniversario de la muerte de Harry Nilsson, el compositor de "Everybody's talking", de la banda sonora de "Cowboy de medianoche". En cierto modo la letra me recuerda a cómo me he sentido esta semana: Abrumado por tantas buenas palabras de muchos amigos y compañeros, melancólico pensando en lo que dejo atrás e ilusionado pensando en la aventura que emprendo...


Everybody's talking at me
I don't hear a word they're saying
Only the echoes of my mind.

People stopping staring
I can't see their faces
Only the shadows of their eyes

I'm going where the sun keeps shining
Thru' the pouring rain
Going where the weather suits my clothes
Backing off of the North East wind
Sailing on summer breeze
And skipping over the ocean like a stone