domingo, 8 de diciembre de 2013

Boda de Vichhika y Mengsry. La fiesta con los niños

Tras dos días de boda, aún quedaba la mejor fiesta de todas. Era la que habíamos estado esperando desde el primer día: la fiesta con los niños. Al fin y al cabo, Vichhika y Mengsry son la madre y el padre para los casi quinientos niños que viven en PSE. Ellos fueron quienes más se alegraron cuando anunciaron su compromiso. Muchos de ellos ni siquiera sabían que salían juntos. Así son los noviazgos en Camboya.

Cuando la boda comenzó a planificarse sólo había una cosa clara: que los niños deberían participar. Vichhika y Mengsry querían hacerlos partícipes del momento y la mejor manera para hacerlo parecía organizar una fiesta en PSE. La idea era ofrecerles un menú especial más allá del sempiterno arroz, que pudiesen beber Coca-Cola y tomar un postre especial. Para ellos suponía un esfuerzo extra, ya que los gastos de esta comida correrían de su cargo. En todo caso, la idea se llevó a la práctica el domingo.

Aunque estaba previsto que la cena comenzase a partir de las cinco de la tarde, yo llegué a PSE alrededor de las tres. Me había comprometido a hacer una visita guiada a unos padrinos franceses. Al llegar antes de tiempo, pude disfrutar viendo la ilusión con la que los niños hinchaban globos para decorar el mismo espacio que el día antes había sido escenario del banquete. Los mayores coordinaban a los pequeños. Algunos no podían evitar jugar con los globos. Las chicas se maquillaban de blanco nuclear y se vestían con sus mejores galas, probablemente algunos vestidos donados. Para muchos de ellos sería, sin duda, la ocasión más feliz hasta el momento.

La tarde pasó rápido y la fiesta comenzó al caer la noche. La misma imagen de los novios con la que se recibió a los invitados el día anterior presidía el salón donde se celebraba "el banquete". Vichhika se había vuelto a vestir de novia por enésima vez. Las niñas querían hacerse una y mil fotos con ellas. Tantas, que tardamos mucho en empezar a cenar. El menú era un curry de pollo, Coca-Cola y postre. Los mayores llenaban los cuencos de curry y los llevaban a las mesas donde los niños, impacientes, sentían ansia por comer el plato especial. Tenían, a la vez, ganas de repetir y de acabar para que empezara el baile.

Después de una ronda de música a todo volumen, los niños, impulsados por las cuidadoras que trabajan con Vichhika y Mengsry, los rodearon para, en una canción lenta, verlos bailar. Tras unos momentos de silencio, breves, comenzaron a pedirles que se dieran un beso. Tras mucha insistencia sólo consiguieron que Vichhika cogiera el micrófono. Lo hizo para agradecerles que estuvieran con ellos y para explicarles cómo se habían conocido, cómo habían aprendido a respetarse y cómo habían esperado a casarse hasta que se lo habían podido permitir. Pretendía servirles de ejemplo. Y lo hizo. Los niños y los no tan niños, incluso los que no la entendíamos, la escuchábamos emocionados. Fue el mejor final que pudo tener la boda que se organizó en menos de un mes y que duró tres largos días; la boda de mis amigos Vichhika y Mengsry.

viernes, 6 de diciembre de 2013

Boda de Vichhika y Mengsry. La ceremonia y el banquete

De rosa y oro, como manda la tradición (o la moda), se vistió Mengsry el sábado por la mañana para iniciar la primera ceremonia del día: el Hai Goan Gomloh o la Procesión del Novio. Apenas había amanecido en Ta Khmao cuando Mengsry emprendía camino a casa de Vichhika. Lo hacía escoltado por sus orgullosos y aún somnolientos padrinos, quienes, vestidos como él, lo protegíamos del sol naciente con unas sombrillas, y acompañado por un gran séquito compuesto por su familia y amigos.

La procesión, como el resto de ceremonias, recordó uno de los ancianos rituales de la boda del príncipe Preah Thong con la princesa Neang Neak. En este caso pretendía recrear el viaje del príncipe al encuentro de la princesa. El séquito del príncipe, como el de Mengsry, traía regalos para la familia de su prometida. Los regalos que aportaba Mengsry eran fruta y postres que se ofrecieron más tarde a la familia de Vichhika. El recorrido fue animado por músicos y cantantes que con sus coros anunciaban la llegada de Mengsry al vecindario.

Una vez en la puerta de la casa de Vichhika, sus padres, actuando en su representación, revisaron los bienes que aportaba Mengsry y aceptaron su ofrenda. El emisario de Mengsry, su tío, anunció la buena noticia al séquito, que terminó por ser invitado a entrar en la casa. Fue entonces cuando Mengsry vio por primera vez, oficialmente, a Vichhika.

Recepción de las ofrendas 

Reunidas las dos familias, se procedió a continuación al Rito de la Purificación, el Gaat Sah, que pretende “limpiar” a la pareja y prepararla para el matrimonio. Antes de ello, el primer cambio de vestuario: el rosa dejó paso al naranja, también para nosotros. Presidido por un monje que acompañaba a la pareja, el rito consistió en una representación casi teatral, a veces cómica, de escenas del matrimonio. La representación se realizó delante de los contrayentes que estaban flanqueados por sus respectivos padrinos. Tres hombres por parte del novio – Pablo, Monoron y yo – y tres mujeres por parte de la novia – tres chicas del internado de PSE.

Sin duda, los grandes protagonistas de la comedia fuimos Pablo y yo. El rito se representó delante de todos los asistentes y los comediantes que simulaban el teatro hicieron constante referencia a nosotros, hasta tal punto que nos invitaron a cantar enfrente de todos los invitados. Mi barba, por otra parte, era foco de risas y durante la comedia sabía que se referían a mí en cuanto pronunciaban la palabra pukmua, precisamente, barba.

Risas durante la ceremonia

Tras la representación de las escenas, el monje concluyó el rito invitando a los familiares y amigos a cortar el pelo y perfumar a los novios. Al cortar el pelo, o más bien simular que se hace, se suprime todo lo accesorio e inmaterial, así como la mala suerte. A través del perfume y el agua se purifica a los novios. Como padrinos, nuestra misión en el rito consistía en proveer de tijeras y perfume a los familiares y amigos que se ofrecían a participar en la ceremonia, así como sujetar el jarrón de agua que los invitados utilizaban para “bautizar” a los novios.

Al Rito de Purificación le siguieron unos rezos oficiados por el monje budista como último paso previo al matrimonio. Estos rezos se conocen como Bang Chhat Madaiy u Honoración de los Padres. El respeto a la familia es muy importante en muchas tradiciones. También en la budista. Durante los rezos del Chhat Madaiy, el monje recordó a Vichhika y Mengsry los esfuerzos de sus padres por criarlos y proveerles de una educación, algo que tendrán que hacer ellos mismos cuando tengan descendencia. Quizás el símbolo más interesante de la ceremonia fue la sombrilla con la que Vichhika debía proteger a su madre.

Una ceremonia se sucedía tras otra con pausas entre medias, entre ellas la que nos permitió desayunar. En cada descanso, la pregunta más común que nos hacíamos "los extranjeros" era: ¿Pero se han casado ya? Hasta le momento la respuesta seguía siendo "No". Pero faltaba poco. Apenas dos ceremonias: Bongvul Pbopul (Bendiciones familiares) y Sompeas Ptem (Ceremonia de los Nudos). Fueron las últimas de la mañana.

Para representar la primera, un grupo de parejas casadas debían hacer un círculo alrededor de los novios. Lo hicieron y a continuación encendieron tres velas que fueron pasando de mano en mano en el sentido de las agujas del reloj, hasta completar siete vueltas. El por qué de las siete lo desconozco, pero sin duda es un "número mágico". Mientras lo hacían daban sus bendiciones a la pareja. Sólo lo podían hacer ellos, parejas casadas, ya que se supone que sólo ellas pueden transmitir buena suerte o, al menos, la suerte que necesitan los novios de cara al matrimonio.

Espectadoras siguiendo los diferentes ritos

Por fin llegamos al último rito de la mañana, el de la Ceremonia de los Nudos. "Los extranjeros" creímos entonces, sólo creímos, que para entonces los novios ya estaban formalmente casados. Los invitados que quisieron, uno a uno, desfilaron delante de los novios, que los esperaban sentados. Se detenían frente a ellos y les anudaban un hilo rojo en la muñeca a modo de pulsera. Más tarde nos comentaron que los novios, ya marido y mujer, deberían llevar las pulseras durante tres días para mantener la buena suerte. A la vez, los amigos aprovechaban para sacar fotos con las decenas de móviles, tablets y cámaras de foto que tenían.

Ya casados y cansados de tanto rito, especialmente Mengsry, a quien se le vio algún bostezo que otro durante las interminables ceremonias, tocaba la hora de comer. Así sería el plan de lo que quedaba por hacer el resto del día: comida y cena. Al menos eso creíamos. La comida fue rápida, sí. Sin necesidad de desplazamientos, almorzamos en las mesas que había alrededor de casa de Vichhika. Más tarde, la cena no sería igual de rápida. Descubrimos y experimentamos que era el momento donde los padrinos teníamos más trabajo.

Desde primera hora de la tarde, un salón improvisado en las pistas cubiertas de baloncesto de PSE estaba preparado para acoger el banquete. Nunca se había visto una cosa igual. Los niños esperaban impacientes ver llegar a los invitados y las niñas se agolpaban en la puerta de la habitación donde Vichhika se cambiaba de vestido (tres veces durante la cena). Mientras, los padrinos, alineados en dos filas en la entrada del salón, recibíamos desde las cinco de la tarde, uno a uno, a los más de cuatrocientos invitados repartidos en cuarenta mesas de diez. Los tres hombres y las tres chicas los saludábamos: Chum rep sua! Pablo, el primero de la fila, les entregaba un llavero que cogía de un cuenco que yo sostenía. Las chicas hacían lo propio en su fila. La mayoría, por la novedad, querían coger el regalo de nuestro lado.

Padrinos, novios y damas de honor recibiendo a los invitados

Si duda, Pablo y yo fuimos las atracciones de la tarde. Conocíamos a casi todos los invitados. Quienes no eran trabajadores de PSE eran miembros de las respectivas familias con quienes habíamos coincidido durante la tarde anterior y la misma mañana. Nuestros compañeros de trabajo eran los más sorprendidos al vernos vestidos con los trajes tradicionales. Fueron incontables las veces en que nos repitieron saart, guapos. El piropo sólo competía con la expresión Khmer style good! Durante el desfile de invitados, también nosotros hicimos de modelo. Primero vestidos de plata, después con un traje blanco (pantalones y chaqueta) y, finalmente, con nuestro traje occidental. Nos íbamos alternando para cambiarnos y sólo cuando todos los invitados estaban sentados pudimos nosotros hacer lo propio, ya con el traje que habíamos traído.

Una vez dentro, el banquete no distaba mucho de uno occidental salvo por la música omnipresente desde el escenario durante toda la cena. Incluso los novios hicieron su entrada en el salón de manera muy parecida a como lo haríamos en nuestra tradición. Fue en ese momento cuando alguien cogió un micrófono y los animó a besarse. Presionados por el círculo de personas que los rodeaba, "apenas" consiguió que se arrancasen un tímido beso en las mejillas y la frente. "Apenas" aparece deliberadamente entrecomillas; "apenas" porque probablemente era el primer beso que se daban.

Así, entre celebraciones y primeras veces, con esos primeros besos inocentes, acabó una jornada que había empezado muchas horas antes, cerca de las cuatro de la mañana. Había que descansar porque aún quedaba una jornada más de celebración. Una que no estaba escrita en las tradiciones ni en los manuales. Una que hizo que la boda fuera más especial si cabe.

Novios entrando en el salón y padrinos junto con niños de PSE 

miércoles, 4 de diciembre de 2013

Boda de Vichhika y Mengsry. La víspera de la boda: las bendiciones de los monjes

Sin saber exactamente dónde íbamos y, desde luego, sin idea alguna de lo que teníamos que hacer, el viernes a las dos de la tarde, bajo un sol de justicia, nos embarcamos en una furgoneta llena de desconocidos hacia la vecina Ta Khmao. Allí, en una ciudad limítrofe con Phnom Penh, vivía Vichhika y allí, en su casa, se celebrarían la mayor parte de los ritos de su enlace con Mengsry.

"Pantalones oscuros, camisa blanca, unos zapatos y calcetines negros". Éstas eran las únicas indicaciones que, como padrinos por parte del novio, teníamos Pablo y yo. Desde primera hora de la mañana llevábamos un petate con todo y en el trayecto en furgoneta (más de media hora para cubrir poco más de diez kilómetros) pretendimos descubrir qué teníamos que hacer. Poco pudimos adivinar porque ninguno de los pasajeros hablaba inglés. Eran parientes de Mengsry; sus tíos, hermanos y primos.

Mi compañero de sitio durante el viaje fue un estudiante de la escuela de audiovisuales de PSE, con quien hablé sobre sus motivos para elegir la escuela de cine y sus expectativas de futuro. Quería ayudar al resurgir del cine camboyano, masacrado durante la época de los Khemeres Rojos. Pretende, al graduarse, crear su propia empresa de producción desde la que ofrecer diversos servicios, entre ellos el de reportajes de boda. A eso precisamente se disponía, ya que PSE ponía a los estudiantes de la escuela de audiovisuales a disposición de los novios.

Como por inercia, llegamos a casa de Vichhika. Con una mezcla de incredulidad y sorpresa nos dimos cuenta de que la mujer que nos saludaba, efectivamente, era ella. Ingentes cantidades de maquillaje blanqueaban su piel haciéndola prácticamente irreconocible. El peinado, tan distinto al que nos acostumbra, una sencilla coleta, no ayudaba a reconocerla. Y su vestido, el de la princesa naga, nada tenía que ver con su atuendo diario de andar por casa. Habíamos llegado con tiempo, nos dijo. No hacía falta que nos cambiásemos para vestir un atuendo camboyano; únicamente teníamos que ponernos nuestra ropa y esperar durante una hora aproximadamente a que llegasen los monjes y comenzasen sus cantos budistas.

Aprovechamos el tiempo de espera para conocer a su familia. Conocimos a sus padres, de los que es la viva imagen, y a sus abuelas, la mayor de noventa y siete años. Descubrimos también los rincones de su casa. Como muchas madres, la de Vichhika tiene una especie de altar con recuerdos de su hija. Desde fotos de pequeña o su título universitario a la entrega del diploma por el mismísimo Hun Sen. Fue divertido verlo.

Vichhika recibiéndonos en su casa y pequeño altar con sus fotografías

Mientras tanto, Mengsry se vestía. Estaba tranquilo. Durante este mes frenético para ellos, siempre lo ha estado. No había traído calcetines, así que le dejé los míos. Unos calcetines negros de Primark con los nombres de la semana en la planta. Ponía "Monday" y no "Friday". Aún nos sobró tiempo para refrescarnos antes de que empezase la ceremonia. Hacía calor, pero la sombra de un árbol en el jardín lo hacía más llevadero.

 Mengsry con sus calcetines improvisados y los dos tomando un refresco

De repente, llegaron los monjes. El naranja de sus atuendos contrastaba con el blanco y rojo de los novios, que en la espera se habían hecho la primera fotografía juntos. De manera un tanto aturrullada, comenzó la ceremonia en el salón de la casa, que estaba decorado para la ocasión. Unas alfombras rojas cubrían el suelo y un altar con incienso y otras ofrendas presidía la sala. En la pared del altar, una referencia a la fecha de la boda, 30-11-2013 (el día siguiente), y un texto en camboyano escrito en poliestireno, indescifrable para nosotros. El salón era pequeño y no cabía toda la familia que se había reunido. No pasaba nada. Más tarde nos daríamos cuenta de la libertad con que la familia y los amigos deciden incorporarse o salir de los ritos durante las bodas camboyanas.

En el salón quedamos únicamente los novios, los padres de Vichhika, los tíos de Mengsry, yo mismo y, obviamente los monjes. En una sala adyacente, las abuelas de Vichhika y otras tres o cuatro mujeres. Sin apenas mediar palabra, comenzaron a recitar unos cantos que se prolongaron durante una media hora. Mengsry nos confesaría más tarde que no se había enterado de nada, ya que los rezos se hacían en pali, una lengua proveniente del sánscrito. En la liturgia, eso sí, parecían bendecirlos o purificarlos con agua, un gesto extendido en otras tradiciones, entre ellas la nuestra. Tras finalizar sus oraciones, la familia les entregó un sobre con dinero como agradecimiento y los despidió.

Finalizaba así la primera ceremonia de la boda y comenzaba el primer banquete del fin de semana. Lo hacía en la calle de la casa de Vichhika. Tocaba comer fuerte para coger fuerzas para lo que se avecinaba el día siguiente. Debíamos despertarnos a las cuatro de la mañana.

Un momento de la ceremonia

martes, 3 de diciembre de 2013

Boda de Vichhika y Mengsry. Introducción

Este fin de semana he podido disfrutar de todos los ritos y ceremonias que acompañan a una boda khmer. Lo he hecho, además, en la boda de unos de mis mejores amigos camboyanos y desde un lugar privilegiado; el de padrino del novio.

La boda duró tres días. Tres días repartidos en diferentes escenarios donde he descubierto innumerables detalles y he entendido mejor las tradiciones de Camboya. Durante estos días, he aprendido que las distintas ceremonias en las que he participado pretenden recrear el origen mismo de Camboya. Los ritos representan el enlace del primer príncipe khmer, Preah Thong con Neang Neak, la princesa naga.

Así, según cuenta la tradición, el príncipe Preah Thong, un extranjero exiliado, se enamoró durante sus viajes de la princesa naga. Como regalo de boda, el padre de la princesa hundió una parte del océano dando lugar a la tierra que hoy ocupa Camboya.

Mengsry y Vichhika, como los mismísimos Preah Thong y Neang Neak han revivido la leyenda día a día y paso por paso. Lo han hecho acompañados de su familia, de sus amigos y de toda la gente a la que estiman. También de sus vecinos y de sus compañeros de trabajo, que son también los míos. Yo he tenido la suerte de acompañarlos junto a mis mejores amigos aquí, Pablo y Carlota. Juntos hemos aprendido mucho y disfrutado más. Sin duda, ha sido una experiencia que nunca olvidaremos.

Vichhika y Mengsry en la primera jornada de su boda

jueves, 14 de noviembre de 2013

Historias para no dormir

China
En algún lugar de China se encuentra una niña que hasta hace unos días dormía con nosotros. Se ha escapado. Ha huido amenazada por no se sabe quién. Su madre, endeudada, la ha vendido para casarla con alguien que pagará sus deudas. Antes de cerrar el negocio exigió verla por videoconferencia para asegurarse de que era guapa. Ella no quería irse pero se ha escapado. Ha huido por miedo a que le hagan algo si no cumple su parte del trato. Un trato al que le obliga su familia. En China le esperará un matrimonio forzado. Si al cabo de un año no puede tener hijos, su nuevo marido la repudiará y se convertirá en una esclava sexual. ¿Acaso no lo es ya?

OBK
Una niña de apenas tres años es violada por su propio padre. Su padre biológico. Ha sido esta semana, no muy lejos de aquí, en lo que conocemos como OBK. Sus vecinos han ayudado a la madre a denunciarlo. Él ya está en la cárcel. Ahora su hermana mayor, de siete años, no quiere ir al colegio porque los otros niños la señalan con el dedo y se burlan de lo que ha hecho su padre.
Ambas historias podrían ser una pesadilla, pero no lo son. Son historias reales. Son historias para no dormir.

miércoles, 13 de noviembre de 2013

La pagoda irreductible

Hay una pagoda en Phnom Penh que se ha erigido en símbolo de resistencia contra el poder establecido. Es la pagoda de Stung Meanchey. Es la pagoda por la que paso cada mañana al ir a trabajar.

Si durante la jornada electoral a finales de junio fue el principal foco de protesta contra el partido del Gobierno, este mes ha vuelto a estar de actualidad por acoger en sus inmediaciones una manifestación de empleados del sector textil. Aquella vez, la protesta se saldó con un par de coches de policía quemados. En este caso, las protestas han dejado un muerto: una vendedora ambulante.

Ayer por la mañana, íbamos a trabajar como todos los días. Al rodear la pagoda de Stung Meanchey, como hacemos siempre, nos dimos cuenta de que algo no iba bien. Había más gente que de costumbre en sitios donde normalmente apenas hay tráfico. Probablemente eran personas que intentaban escapar o evitar la manifestación. También se sentía un olor un tanto extraño. Quizás las primeras ruedas quemadas para hacer barricadas. En todo caso, en ese momento no supimos a qué se debía el alboroto. Fue durante el día cuando comenzamos a recibir más noticias.

Los trabajadores de "SL Garment Processing Cambodia (Ltd.)" llevan tiempo protestando por lo que entienden una injusta situación laboral. Reclaman una mejora de sus salarios y de sus condiciones de trabajo. Teniendo en cuenta la situación del país y de la industria en particular, sus reclamaciones deben ser razonables. En algunos medios se recoge también que los trabajadores exigen un cambio en la dirección. El nuevo responsable, indican, lleva tiempo intentando intimidar a aquellos trabajadores que pretenden sindicarse. Lo hace, supuestamente, a través de guardias de seguridad armados en la fábrica. Este punto puede ser más discutible.

Manifestante huyendo de la policía dentro de la pagoda de Stung Meanchey. Fotografía del Phnom Penh Post

La factoría de SL está en el barrio de Stung Meanchey. Al ser los monjes del barrio especialmente combativos por causas que consideran justas (ayer siete monjes fueron detenidos), es normal que la pagoda se convierta en centro de reunión. Lo fue, al menos, para más de mil personas. Por otra parte, el templo está situado en uno de los principales accesos a Phnom Penh. El puente en los alrededores conecta rápidamente con las avenidas principales de la ciudad. Prevenidos de que los manifestantes podrían intentar marchar al centro de Phnom Penh para protestar a las puertas de la residencia del Primer Ministro Hun Sen, un gran grupo de policías armados comenzaron a proteger el puente.

Fue entonces cuando empezaron los altercados. La intimidación de la policía fue respondida con ataques de los manifestantes. Al comenzar una redada en la pagoda un grupo de policías quedó aislado. En un primer momento, lanzaron disparos al aire que más tarde fueron a quemarropa. Se reportaron varios heridos y una persona fallecida. Se trataba de una mujer de cuarenta y nueve años que recibió una bala perdida. Ni siquiera participaba en la manifestación. Estaba vendiendo arroz en su puesto ambulante.

Todo esto sucedió entre las ocho de la mañana y el mediodía. Por la tarde, cuando pasamos por nuestro recorrido habitual para volver a casa, no quedaba ni rastro de lo sucedido durante el día. Así es Camboya.

 Contraste entre los medios de la policía y los manifestantes. Fotografías del Phnom Penh Post

Artículos relacionados:

martes, 12 de noviembre de 2013

Será un día especial

Esta semana ha comenzado con una de las mejores noticias que podíamos tener todas las personas que trabajamos en PSE. Al menos para todas las que conocemos a Vichhika y Mengsry. Nos han anunciado, por fin, que se casan.

Todos los que sigáis este blog, todos los que conozcáis PSE, sabréis quiénes son. Para los pensionnaires y los jóvenes que viven en el internado, son Ma y Pa. Lo son trascendiendo el significado de respeto que tiene dirigirse así a los adultos en Camboya. Son los verdaderos madre y padre de los niños que viven con nosotros. Para la gente que trabaja con ellos, son unos compañeros abnegados que trabajan día y noche preocupándose por el bienestar de los niños. Para mí y para las personas a quienes más aprecio aquí, para Pablo y para Carlota, son, además de todo lo anterior, los mejores amigos que tenemos en Phnom Penh.

Vichhika

Relatar todas sus cualidades me podría llevar mucho tiempo. Quizás la mejor manera de resumirlas sería decir que son "buenas personas". Claro que eso sería demasiado simple. Son cándidos, sencillos, sin atisbo alguno malicia. Son unos profesionales, tenaces, infatigables, inasequibles al desaliento, incluso en los momentos más duros. Son generosos, de ese tipo de personas que comparte hasta lo que no tiene, de las que da sin pedir nada a cambio. Son gente con valores, que cree en lo que hace y que se esfuerza por hacerlo de la mejor manera posible, aunque en ocasiones le consuma. Son divertidos. Tienen ese tipo de humor que hace de una simple anécdota algo muy gracioso. Él más aventurero que ella, más arriesgado e inconsciente. Ella más pausada y reflexiva, pero también con carácter... Así podría seguir y seguir. Quizás, el hecho que mejor resuma cómo son sea la opinión que tienen sobre ellos Christian y Marie France des Pallières, los fundadores de PSE, los primeros Papi y Mami. Ellos los elegirían, lo han hecho ya, como las personas ideales para convivir con los niños, para ser los padres de una familia de casi doscientos niños y más de trescientos adolescentes.

La noticia llegó a esa familia el domingo. Lo hizo tras la tradicional pedida de mano, que tuvo lugar el sábado. Vichhika dudaba si su familia aprobaría a Mengsry. Decía que sólo aceptarían a un "hombre rico". Mengsry, a pesar de tener todo de prestado, no tenía miedo. Tras el "sí" de la familia y el anuncio a los niños, se siente una pequeña revolución en el ambiente de PSE. Probablemente ninguno de los pequeños supiera siquiera que estaban juntos. Las relaciones aquí se viven de otra manera más inocente. Por ello la sorpresa para la mayoría fue mayúscula y su alegría estuvo acorde con ella. Las niñas prepararon un anillo con hojas de palma para que Mengsry se lo regalara a Vichhika. Los niños nos anunciaron la noticia el lunes nada más vernos. Su mayor ilusión, la de niños y niñas, era saber si estarían invitados a la boda.

Mengsry

A día de hoy, la mayor ilusión de los niños es, a la vez, la mayor preocupación de los novios. ¡Su lista de invitados comienza con quinientos personas! Afortunadamente, eso no será un problema. PSE, a través de Marie France, ha ofrecido las instalaciones de la ONG para celebrar el banquete. La invitación a los niños se solucionará con una mejora de su comida diaria que será sufragada con la ayuda de todos los empleados que quieran colaborar. Y serán - seremos - muchos. A partir de ahí, una nueva preocupación y una contradicción. La preocupación, la lógica, los preparativos. La contradicción, que frente a lo lento que sucede todo en Camboya, la boda tendrá lugar el próximo 30 de noviembre. Sí, el de este año, dentro de tres semanas. Todo irá bien. Sin duda, será un día muy especial para Vichhika y Mengsry y para todo PSE.

PS. También será un día muy especial para mí: Mengsry me ha pedido que sea su testigo. Será la segunda vez que lo haga e, irremediablemente, recordaré la primera vez que lo fui. Fue con dos amigos extraordinarios.